Cómo hemos cambiado (o cómo Photoshop pasó de la clandestinidad a la cotidianeidad)

In Tecnología y reflexiones by Carlos A. Oliveras4 Comments

He publicado en la comunidad de YouTube un post para comentar que, en la tarde de hoy miércoles 13 de marzo, confío en publicar un vídeo sobre el nuevo selector de fuentes en Photoshop beta. Ya lo comenté en esta entrada, pero me está gustando tantísimo esta característica, que aunque sea muy simple, creo que vale la pena dedicarle un vídeo. Así, de paso, repasaré también varias de las novedades que están en la versión beta, pero que no han llegado aún a la versión «estándar». Se nos van acumulando y lo mismo vale la pena hacer recuento.

Aprovechando que publicaba eso, añadí este texto, que reproduzco aquí primero, para luego añadir una reflexión extra al respecto:


Hablando de todo, no sé si estáis al corriente del «incidente» de la foto de una tal Kate Middleton, alguien de la familia real inglesa (yo no me entero de estos asuntos), que por lo visto difundió una foto con evidente manipulación (photoshopera o similar). El caso es que sería la oportunidad de grabar uno de los vídeos de mis sueños: «EXPERTO REACCIONA A». Me explico…

En youtube hay muchos clásicos: el «Haz esto 30 días y pasará esto con tu cuerpo«, «Hago esto y sale mal«, etc. Y, entre esos clásicos, tenemos uno muy destacado, el de «Experto en (loquesea) reacciona a (algo)«. El «experto» muchas veces no sabe ni hacer la O con un canuto, pero oye, el título luce estupendo.

Pobre mujer. Quiso apañar una foto, y se ha convertido en «Los 8 errores – Salseo edition».

Bueno, pues como que a esta vida hemos venido a cumplir sueños, creo que esta sería mi ocasión de grabar el vídeo «Experto en Photoshop reacciona a la foto de Kate Middleton«. Madre mía, con esto ya casi habría cumplido mi propósito vital. Es que hasta tendría que haber en YouTube una placa como la de los 100k, 1M, etc., pero para estos hitos, algún tipo de trofeo que atestigüe, por ejemplo, que en algún momento fuiste un «experto-que-reacciona-a«.

Ayer estaba fantaseando con esto, y por un lado pensaba que un vídeo así no es algo que vaya a aportar mucho, porque no hace demasiada falta identificar fotos retocadas. Hoy en día, todas las fotos están retocadas, otra cosa es que se haga mejor o peor(*). Pero por otro lado, también me imaginaba en el futuro, en mi lecho de muerte, arrepintiéndome de todas las cosas que no hice, como llevar calcetín blanco con zapato oscuro, tatuarme la cara del pato Donald en el glúteo izquierdo o grabar un vídeo «experto-reacciona-a«. Eso si es que tengo lecho de muerte, porque tal como va el país, lo mismo muero de pie, apoyado contra la pared, sin dónde caerme muerto, pero literalmente.

En fin, ya me entendéis. No sé qué haré al respecto, pero como mínimo quería transmitir esta inquietud tan profunda.

(*) Digo «todas» para imprimir mayor dramatismo y contundencia, aunque puede haber fotos directas de cámara (SOOC) o directamente analógicas, pero las primeras igualmente llevan procesado (de la cámara) y las segundas, aunque sea más complicado y menos habitual, también pueden intervenirse.


Dejando de lado la coña de los expertos que reaccionan, ayer por la noche investigué un poco sobre todo este tema de esta foto manipulada (la que he puesto un poco más arriba), y me hizo gracia ver que la cuestión ya no es si una foto está editada, sino lo bien o mal que lo esté. En algunos medios de comunicación han retirado la foto por su código deontológico en lo que parece un caso de «retocad, pero que no se note«. Parece que a estas alturas del siglo XXI, por fin Photoshop (y similares), y por extensión la idea del revelado digital, puede sentarse a comer a la mesa como uno más, siempre y cuando se comporte.

Esta fue la fantasía húmeda de muchos durante unos años.

A muchos les sonará extraña esta observación, pero no son tan lejanos los tiempos en que la edición fotográfica era poco menos que algo sucio y abyecto que teníamos que realizar en la intimidad de nuestros hogares, a altas horas de la noche y con la luz apagada. En ese ínterin extraño que vivimos en la primera década de los 2000, entre la foto analógica revelada en laboratorio y la foto digital revelada en nuestro ordenador, transcurrió un periodo de confusión y turbulencia que derivó ocasionalmente en episodios de caza de brujas. ¿Qué estaba «bien» y qué estaba «mal«? Los cuñados con residencia fija en foros de fotografía, demasiado ocupados en juzgar a los demás como para tener tiempo de hacer fotos, lo tenían claro: lo analógico era «fotografía«. Lo digital, en cambio, era «otra cosa«. Buff, ¡otra cosa! Cuando te decían eso, ya estabas perdido – esa expresión de menosprecio tan terrible zanjaba toda discusión, porque hasta la más mínima edición de luz y color en la pantalla suponía un intolerable emponzoñamiento (sí, esta palabra existe) de la nobleza de toda fotografía. El caso es que lo viejo no acababa de morir y lo nuevo no acababa de nacer.

Pero bueno, ya estamos en 2024 y todo eso queda atrás. Los selfies del móvil, si te despistas, automáticamente te dejan la piel como el «plástico fino» de la canción de Radio Futura que, sin saberlo, fue poco menos que profética en este aspecto. Eso si no es que instagram, snapchat o similares te ponen antenas o cambian tu cabeza por la de un perro humanoide, o te añaden barba azul, brillantina fucsia o cualquier otro esperpento visual. Una vez te adentras en este moderno infierno de Dante de la fotografía digital, debes abandonar toda esperanza de realidad absoluta (si es que alguna vez existió algo así).

Sumémosle a todo eso la irrupción de la inteligencia artificial generativa, donde los límites de la realidad, más que desdibujarse, saltan por los aires, y ¿qué tenemos? Pues a todos los antiguos puristas y, en general, cualquier inmovilista reaccionario, reculando para abrazarse a Photoshop como tabla de salvación y último vínculo con la fotografía. Casi como galón que lucir con orgullo para demostrar que tú retocas fotos, no te las inventas. Como decía en un podcast Juan Pablo de Miguel (fotógrafo divulgador del uso de IA), Photoshop se ha convertido poco menos que en un viejo amigo, representante de lo tradicional. Ajustar colores, levantar sombras, enfocar… un clonadito disimulado aquí y allá… Se interviene en la foto, pero claro, a años luz de la temible amenaza de la infecta IA (que, pese a todo, ya ha aterrizado también en el software de Adobe).

La foto, reinterpretada por la IA. Rápido, ¡corran a refugiarse en Photoshop!

En fin, que ya tenemos aceptado (por fin) que las fotos requieren revelado digital, igual que la película necesitaba un proceso, químico en ese caso. Y la discusión es la única que debió existir: si se está haciendo pasar por cierto algo que no lo es. En el caso de la foto de marras, creo que se especula con que el estado de salud de esta persona (la tal Kate) no la permita aparecer en fotos con esa apariencia, y que haya querido usar algún tipo de fotomontaje para crear una escena que no ha existido, cambiando algún rostro, cuerpo o ambas cosas. Ah, eso ya es otra cosa (mucho más en una foto con implicaciones informativas, que puede constituir una noticia en sí misma).

Indudablemente, siempre habrá zonas grises donde costará ponerse de acuerdo. Es decir, qué cosas pueden o no hacerse para intentar que la realidad no nos arruine una buena fotografía. Pero hacer una foto, abrirla en Photoshop y ajustar luz, color, reducir ruido, aplicar enfoque, enderezar y ajustar el recorte, corregir el balance de blancos… por fin son cosas vistas no ya como normales, si no necesarias.

Y os aseguro que no siempre fue así, aunque muchos no lo recordarán. Hubo una época en que, como ya apunté antes, el mero hecho de abrir una foto en Photoshop equivalía a traspasar la peor de las líneas rojas. Yo he llegado a tener conversaciones surrealistas con seres que estaban muy fuera de onda y que ni os contaré porque, a fecha de hoy, parecerían sacadas de un diálogo de Faemino y Cansado. Los mismos que como ya he dicho, ahora que le han visto las orejas al lobo con la IA, ya no ven Photoshop como una amenaza, sino como la herramienta que es.

Me viene a la cabeza otra canción, aquella de «ah, cómo hemos cambiado«. Bueno, más vale tarde que nunca.

P. D.: A la tal Middleton no sé que le pasará, pero le deseo que se mejore y que, en cuanto se ponga bien, ella o su retocador de cabecera haga un curso de Photoshop para evitar esa clase de estropicios. Aquí mismo hay uno gratis y excelente, de un tal Carlos Oliveras. Digno de la realeza. 👑

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Comments

    1. Author

      Estimado Jordi, ¡qué tal! Pues es curioso, porque en esa otra foto parecía que al niño le faltaba un dedo, y en esta de ahora también tiene una mano un poco «a la virulé». Planea la sombra de la IA, tan propensa a hacerse un lío con manos y pies.

      Ahora que mencionas eso, me suena también que la familia real española, en alguna foto navideña, hizo alguna trampilla, aunque supongo que no constituía algo de tanta relevancia informativa como lo de esta señora.

      ¡Muchas gracias por pasar y aportar más info sobre este oscuro y misterioso suceso! Seguiremos informando.

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