En casa de herrero, foto de palo

In Photochorradas by Carlos A. Oliveras14 Comments

Amanece un nuevo día (bueno, ya hace rato que amaneció, pero así suena todo más interesante) y con él, llega una reflexión que no es nueva: en casa de herrero, cuchara de palo (o cuchillo de palo, pero me gusta más la otra variante).

Me explico: a veces me piden una foto mía, o sea, de mi persona, para alguna publicación o colaboración donde va a salir mi nombre. Y en esos casos, las paso canutas para encontrar una foto mía decente, lo cual es paradójico teniendo en cuenta la de fotos que hago (aunque el último año muchas menos, pero eso es tema para otro día).

En el fondo, supongo que es normal, porque, precisamente porque hago muchas fotos, me encuentro en el lado de la cámara donde nunca voy a salir en la imagen salvo que me lo proponga expresamente. Cosa que, normalmente, no ocurre, ya que suelo buscar cosas más interesantes que fotografiar. Siempre tengo, en algún rincón de mi mente, la tarea pendiente de hacerme fotos donde aparezca con una apariencia mínimamente humana para que, cuando me pidan la típica foto mía, tenga algo que enviarles de inmediato. Pero me da tanta pereza, que esa tarea nunca es abordada: ¿cortarme el pelo, afeitarme, sacar el trípode, los flashes, el pie de los flashes, los disparadores, la cámara, buscar un fondo despejado…? Vaya rollo, cuando podría estar jugando al Candy Crush o viendo chorradas en YouTube.

Candy Crush. Prohíben las drogas, y luego permiten esto.

Es así como siempre acabo rebuscando en mi archivo fotográfico, con la esperanza de encontrar alguna foto que retocar, recacauchutar y dejar medio apañada para cumplir este cometido. Abro Lightroom Classic, voy a «Todas las fotos» y filtro por palabra clave «Carlos«. Pero nada: imposible encontrar algo digno, y lo poco que se le acerca, me suscita todo tipo de dudas: aquí estaba más gordo, aquí estaba más flaco, aquí estaba sin afeitar, aquí nosequé y aquí nosecuántos. ¿Por qué no me habré hecho una foto en condiciones para estos casos? Ah sí, por el Candy Crush. Tiene sentido.

Ojo, que todo esto no es una mera elucubración: como digo, me ha pasado numerosas veces, y ahora mismo me encuentro de nuevo en esta tesitura, ya que por una colaboración, me han pedido la fotito de marras, y he pasado por el proceso descrito. En esta ocasión, tras rebuscar en Lightroom, he topado con una foto aceptable que me hice de forma casual para ponérsela en el móvil a otra persona y que me reconociese rápido si le llamaba (aquel señor mayor del que hablé en algún directo). Pero claro, esta foto, como tantas otras, me la hice con el móvil. Y si bien de entrada no notas nada raro, el caso es que todas estas fotos tipo selfie están hechas con una focal bastante angular. De modo que, aunque al principio uno queda satisfecho, cuando las comparas con un retrato en condiciones hecho de 50 mm para arriba, la cosa cambia. Te das cuenta del efecto del angular, de ese leve fenómeno de expansión de frente y mandíbula, de cabezón, de distorsión del espacio tiempo. Y de napia sobredimensionada. Todo muy leve, pero perceptible, sobre todo si, como digo, comparas con el espejo o con una focal de retrato clásico.

alluda po fabor

Lo malo es que no suelo darme de cuenta de esto (por más que me haya pasado cincuenta veces) hasta que he terminado una sesión maratoniana de retoque. Primero de todo, para cambiar el fondo, que suele ser cualquier cosa menos glamuroso. Claro, no voy a mandar una foto con la cocina por detrás o cutradas por el estilo: tengo una reputación que mantener. Otro tanto ocurre con cortes de afeitado, pelos de las cejas fuera de sitio, inoportunos herpes en los labios, fenómenos capilares extraños que, confabulados con el tema del angular, apepinan mi cráneo hasta hacerme parecer una bellota con cara… y qué decir del surco nasogeniano, tan profundo que parece el Gran Cañón del Colorado. Todo por efecto de la iluminación, claro. Yo no tengo esa cara.

Pero cuidado, que conforme pasa el rato, la cosa va a peor. Reparo en el extraño tono cetrino de mi piel. ¿Eso es la foto, o realmente soy así? Porque si soy así, igual debería ir al médico. ¿Y qué le pasa a ese jersey que yo creía nuevo? En la foto parece heredado de 5 generaciones anteriores, 3 de las cuales pasaron una guerra. ¿Cómo ha hecho tanta bola en tan poco tiempo? ¿Realmente llama la atención o es que ahora que lo he visto, ya no puedo dejar de fijarme?

Así salgo en las fotos. Mi outfit es arrebatador.

Os ahorro el resto de la agonía visual: el asunto es que termino de corregir todo eso lo mejor que puedo, porque es evidente que la magnitud del desastre es tal, que solo puede atenuarse. Y es entonces, normalmente, cuando me doy cuenta de lo que decía antes: tan obcecado como estaba con los detalles, olvidé -una vez más- que las fotos del móvil con angular te caricaturizan. No debí escoger esta foto, pero claro, me doy cuenta ahora, cuando ya he perdido dos horas intentando adecentarla. Y no solo eso: ahora veo que esta foto está hecha desde un ángulo ligeramente superior, haciendome aparecer liliputiense y empequeñecido.

¿Qué hago? El filtro Licuar y otros conjuros photoshoperos empiezan a tentarme: ¿tendría la habilidad suficiente para recomponer las proporciones de mi rostro estirando de aquí y remetiendo de allá? ¿O corro el riesgo de pasarme y terminar con una foto donde, en vez de Frankenstein como parezco ahora, termine asemejándome a un goblin? Por cierto, ese tono de piel que he retocado, ¿no es peor que el original? ¿La oreja no está quemada? ¿El recorte del pelo no ha quedado antinatural? ¿El fondo postizo que he puesto no parece un CGI cutre de las peores épocas de The Walking Dead?

Uno de los CGIs más infames de The Walking Dead.

Con esto entramos en el tramo final de esta catástrofe: por un lado, la gente va a descubrir que soy un monstruo de cabeza apepinada, piel propia de un cadáver, cejas de búho y ropas andrajosas. Pero lo peor no es eso; lo grave es que detectarán que el retoque de la foto es propio de alguien que no tiene ni idea de lo que hace. Llegarán a la inevitable conclusión de que soy un fraude, un engaño, y que si bien la gente de buen corazón podría llegar a perdonar mi apariencia de adefesio, nadría estará dispuesto a tolerar que siga ejerciendo de experto cuando es evidente que no sé ni hacer la O con un canuto, mucho menos con Photoshop.

El rumor correrá como la pólvora, la gente se desuscribirá del blog y de YouTube rápidamente. Incluso quienes consideraba amigos, me traicionarán. Ya imagino a Pedro Tripiyon haciendo un vídeo sobre mí y diciendo: «La verdad, siempre lo sospeché. Carlos no nombraba las capas, y alguna vez le vi trabajar con documentos sin perfil de color. Era evidente que no sabía de lo que hablaba, solo era cuestión de tiempo que la triste verdad saliera a la luz«. O Rodrigo del podcast de Photolari: «Bueno, alguna vez le dejamos participar por compasión. Nos daba pena, el pobre diablo.». Etcétera.

Posiblemente las TV nacionales se harían eco de esta triste noticia. Ni siquiera pixelarían mi rostro.

Y qué decir de Mangalick: tras su defenestración en Adobe, de la que sin duda me culpará a mí, verá ahora la oportunidad perfecta de consumar su venganza. Tirando de contactos adobitas, seguro que puede desinstalarme Photoshop y Lightroom a distancia, y cancelar mi suscripción a Creative Cloud, convirtiéndome en un paria del mundo digital, sin más herramientas para retocar que el Paint de Windows y los cochambrosos filtros de Instagram.

Aún sabiendo que todo eso es lo que se cierne sobre mí, le mandaré la foto a quien me la ha pedido, sabiendo que con ese clic en el botón «Enviar«, estaré firmando mi sentencia de muerte como influencer de medio pelo. ¿Para qué retrasar lo inevitable? Soy un impostor. Debo rendirme a la realidad, y aceptarla con la poca dignidad que me queda.

Y al final, todo terminará como siempre: la foto se publicará en alguna parte en tamaño sello, y nadie le prestará la más mínima atención. Vamos, que no pasará nada. Respiraré aliviado y seguiré adelante, pero eso sí, plenamente consciente de que, si bien habré evitado la hecatombe por puro azar, eso no cambia que soy una farsa. Solo necesito seguir engañando a la gente un día más.

Y mañana, ya veremos.


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Comments

  1. Carlos: genial introspección, demás está decir que muchos nos identificamos con tan concienzudo auto-análisis. En lo personal, por suerte, no es frecuente que me soliciten un “registro de mi fachada”, pero cuando vuelvo a “echar un looking” a mis viejos retratos me asaltan iguales inquietudes a las que citas: que las arrugas imprudentes bajando desde los pliegues de la nariz; que el caballete de la misma está algo virada hacia un lado; que el ojo izquierdo está más afectado por la gravedad que su homónimo derecho o la arbitraria latitud de una oreja respecto de la otra, y cómo no, ¡cómo han ido desertando cientos de elementos pilosos – que no miles – desde la frente hacia la nuca! ¡Y para redondearla, la afrenta que salta imprudente cuando notamos cómo ha pasado el tiempo desde el último clic! En fin, para mi propio consuelo invoco una frase de mi creación que reza: “Si fuéramos perfectos seríamos feos”. 🙂

    1. Author

      Gracias Walter por solidarizarte con esta situación! A mí tampoco es que me pidan tantas fotos, precisamente como que es algo muy ocasional, al final nunca intento hacer una en condiciones.
      De nuevo gracias por pasar y comentar, saludos!

    1. Author

      Jareta: Me lo temía. Aun así, creo que he de ir al médico. O cambiar de móvil. Ambas cosas no pueden estar «bien» simultáneamente 😅
      ¡Gracias por comentar, un saludo!

    1. Author

      Hola Carlos Roberto: Pues sí, precisamente lo he pensado más de una vez. Si pudiésemos crear un buen modelo de nuestra fisonomía, a partir de todas las fotos que tengamos debidamente analizadas por la IA, luego podríamos generar fotos nuestras en las circunstancias deseadas. De hecho ya es posible (aunque no sé si yo en concreto tengo tantas fotos mías desde ángulos distintos), solo falta que se vaya simplificando y volviendo más accesible. Pero creo que sí, en el futuro, la IA resolverá estas tribulaciones. ¡Gracias por comentar y un saludo!

  2. ¡Me parto! Solo espero que no hayas mandado esa foto de «alluda po fabor»para representarte, habría sido terrible, jaja. Como siempre, genial el texto, ¡farsante! Un abrazo 🤗

  3. Estimado Carlos, me has reir buen rato. Tienes vena de escritor. Comparto plenamente tu relato, tengo miles de fotos de familia donde jamas salgo y juro que era yo el que tomó la foto, y a la vez, dudo ser yo en las pocas que aparezco.
    Una posible solución que he pospuesto tantas veces (hasta ahora) ha sido pedirle a algún colega que me haga una sesión y juro que no haré ninguna observación ni sugerencia y que aceptaré el resultado con el mismo espíritu con que los demás aceptan las que les tomo, por lo demás sigamos con nuestro oficio y disfrutemos de la vida.
    Buena suerte y un abrazo!!

    1. Author

      Muchas gracias, Carlos, por leerlo y por tu amable comentario. Es la maldición que tenemos los tomadores de fotos: que luego no salimos en ellas, salvo en estos pestilentes «selfies» donde siempre queda uno con el mismo gesto extraño (estirando el brazo) y el apepinamiento del angular.
      Habrá que hacer lo que dices! Gracias de nuevo y un abrazo.

  4. Estimado Carlos, cuando vi este mensaje en mi correo entre ansisamente para ver en you tube alguna explicacion
    sobre lightroom o photoshop que tanto me enseña!!.
    Que desilucion fue encontrar que has cambiado de oficio y ahora te dedicas a ser escritor………..pense borrarme inmediatamente de tu blog pero algo me dijo lee un poquito y despues te borras.
    Tuve suerte que no me borre y lei hasta el final, asi termine con una gran sonrisa que me hizo muy bien empezar asi esta mañana.
    Un abrazo,

    1. Author

      Saludos estimado amigo: Antes de nada, decirte a ti y a todos que si bien no es mi intención que nadie se borre, hay que tener claras dos cosas: la primera es que no todo son tutoriales de PS y LR. Photoshop y Lightroom en el contexto de la fotografía son los ejes centrales, pero eso da para muchas cosas, incluso para anécdotas como esta.

      Pero dicho esto y hablando de tutoriales, ya te aviso de que creo que van a ir a menos porque -como espero explicar pronto- es algo que cada vez tiene menos salida en YouTube, algo que interesa menos y rinde menos. ¿Seguirán existiendo, seguirá habiendo gente interesada, seguirán dando algún retorno (los tutoriales)? Sí, claro. Pero a unos niveles que ya no son los que motivaron la existencia de esa parte del canal, por lo que habrá que hacer ajustes. Espero explicarlo mejor próximamente en algún vídeo.

      Lo segundo es que, por el mismo motivo, incluso aunque el canal nació para estar dedicado a PS y LR, son ya unos 14 años desde entonces, y lógicamente el panorama ha cambiado mucho y, como decía en el párrafo anterior, habrá que hacer cambios. Si alguien se pierde por el camino, será una lástima, pero la alternativa es que quien se pierda por el camino sea yo.

      Finalmente, gracias por haber leído esto y compartir que te agradó, ¡es mi mejor recompensa! Bueno, claro, a falta de un jugoso ingreso bancario 😅Un abrazo.

  5. Buenos días Carlos:
    No solo los seguidores o fans de un personaje evolucionan, también evoluciona el mismo autor, el mismo artista. Me parece lógico, legítimo y totalmente comprensible que también tú veas alternativas para tí mismo. Solo te pediría o esperaría estimado amigo que puedas mantener el canal Photoshopeando aún cuando ya no agregues material con la misma regularidad, el material que has compartido a través de todos estos años es muy valioso y es ahora una excelente biblioteca para hallar soluciones, trucos y claves para la creatividad.
    La calidad de tus tutoriales, precisos, pedagógicos, son de lo más preciado y no menos lo es tu estilo personal, siempre ameno, amical, motivador, con el que un tema complejo de pronto es algo no tan complicado como uno creía.
    Sea el nuevo proyecto que decidas te pediría que lo compartas para agregarme como nuevo seguidor.
    Adelante y éxitos en tus nuevos proyectos.
    Un fuerte abrazo

    1. Author

      Hola Carlos: Mil gracias por tu apoyo. En principio no auguro cambios excesivamente radicales, y salvo algún tipo de catástrofe no prevista, el canal no desaparecerá (ni me planteo crear otro).

      El tipo de cambios que valoro tiene que ver, por ejemplo, con hacer menos vídeos «pre-producidos» y más directos. O quizá más vídeos tipo «consultorio», respuestas más específicas y cortas a cosas que plantea la gente. También dar más cabida al tema de la inteligencia artificial, y a vídeos de opinión o reflexión (aunque esto último es lo menos probable).

      El motivo por el que me planteo ese tipo de cambios es doble: por un lado, buscar fórmulas que minimicen el tiempo y esfuerzo de hacer vídeos, ya que hoy en día el retorno, lo que ganas con esto, es menor (tema aparte es explicar por qué es necesario ese retorno, pero ya lo explicaré también). La otra estrategia atacaría el otro lado de la ecuación: mantener el esfuerzo, pero invertirlo en algo que rinda más, en otros temas que sean más candentes hoy en día.

      La última opción, y en la que temo quedarme instalado, es la opción «orquesta del Titanic», que dicen que seguía tocando mientras la nave se hundía… O sea, seguir igual hasta que todo esto se suma en la irrelevancia absoluta, que es adonde me dirijo si no hago nada.

      En todo caso, como no sé si dije antes y si no, lo digo ahora, próximamente espero grabar un vídeo comentando todo esto. ¡Gracias de nuevo!

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