Historia de una foto: Dilemas fotográficos

In Historia de una foto by Carlos A. Oliveras16 Comments

En esta ocasión, casi que más que hablar de una foto (que también), quiero mostrar un ejemplo de un dilema fotográfico que creo que es común. Y de paso, conocer vuestra opinión al respecto.

Por supuesto, primero os atizaré un rollo considerable. De hecho, esta vez, más que historia de una foto, es historia de dos fotos, pero vayamos por partes. Primero, el aviso de rigor

Esta entrada está concebida más que nada como entretenimiento. Las fotografías que en ella se exponen no pretenden ser ejemplo de nada. Bueno, quizá ejemplo de algo, pero no de algo extraordinario, quiero decir. La explicación incluye tontadas varias, temas no relacionados y posiblemente cosas inventadas. No la lea si acudió aquí con la expectativa de recibir algún tipo de clase magistral.

Como de costumbre, primero os pondré un antes/después para ver si así llamo vuestra atención, pero será un antes/después distinto a los de otras ocasiones – lo que veréis son ya 2 fotos «finales»: la foto que hice «antes» y la foto que hice «después» (más adelante veremos las originales). Veréis que no tienen mucho que ver, pero una vez os explique mis batallitas, creo que acabaréis entendiendo el por qué de esta comparativa inicial, que repetiré al final:

Los adoquines de Barcelona

El caso es que andaba como tantas veces por el casco antiguo de Barcelona, no muy lejos de la Catedral, y pasé por una especie de cruce que siempre me resulta pintoresco, pero al que nunca acabo de encontrarle el punto fotográfico. En esta época (la foto es de hace dos años), al edificio del fondo le pusieron una especie de malla verde cubriendo la fachada. Esto ya me resultó ligeramente llamativo.

Pero lo que más me llamó la atención fue que no hubiera ninguna furgoneta/camioneta aparcada en esa especie de callejón. Casi siempre hay varios vehículos de ese tipo, pero esta vez, la vista estaba despejada y hasta unas palomas paseaban tranquilamente por el suelo, que en ese pequeño tramo conserva el antiguo adoquinado que antaño pavimentaba muchas calles de Barcelona. Bueno, «muchas calles» no – me imagino que, originalmente, las pavimentaban todas con adoquines, eso si es que estaban pavimentadas. Pero yo no viví esas épocas – solo recuerdo vagamente que cuando era pequeño e iba en coche, a veces pasábamos por alguna calle de este tipo. Debéis saber que, desde muy corta edad, me calzaba una especie de zancos que me permitían llegar a los pedales, y con un permiso de conducir falso, surcaba Barcelona a lo largo y ancho del mapa, saltándome semáforos y cometiendo todo tipo de infracciones. Conducía, por supuesto, coches que robaba por encargo.

Quizá alguno se ha creído lo anterior – por supuesto, me lo acabo de inventar (la parte del niño que conduce, no lo de los adoquines, que es cierto). Pero seguro que alguno ya me imaginaba como el niño del documental de Can Tunis. No, no era mi caso – en esos vagos recuerdos de la infancia, yo iba de pasajero en el asiento de atrás, y el coche era conducido por un supuesto adulto, concretamente mi señor padre con su legendaria parsimonia vial. No tengo pruebas fehacientes de lo que diré a continuación, pero creo que, en toda su existencia circulatoria, mi padre nunca adelantó a otro coche. Recuerdo viajes por carretera en los que casi daba la impresión de que íbamos marcha atrás, porque solo veías coches pasándonos, y al final, como digo, parecía que era que nosotros estábamos retrocediendo. Tampoco recuerdo si alguna vez le hicieron prueba de alcoholemia a mi padre, pero si le hubieran hecho un analisis de sangre para determinar el nivel de alcohol, el resultado del laboratorio habría arrojado un dato inquietante: el contenido de la muestra, una vez analizado, sería horchata pura.

Así y todo, aquí nos interesa la fotografía, de modo que si tuviera que hablaros de mi padre, tendría que mencionar su extraordinario talento para decapitar a la gente en las fotos, las vacaciones donde hizo todas las fotos con la tapa puesta o su extraña manía de fotografiar en rombo. Gracias a Dios, sus genes fotográficos se saltaron mi generación (eso, o soy hijo de algún butanero).

Bueno, para variar me he ido mucho por las ramas, así que volvamos al tema.

La foto original y los angulares «por defecto»

El asunto, como decía, es que los adoquines también le dan un toque especial a la escena, así que en fin, aunque normalmente paso de largo, esta vez me detuve y me dije a mí mismo: «chaval, hoy no te vas de aquí sin hacer un fotón«. En mi cabeza sonaba factible.

Total, que tras hacer los típicos movimientos de tai chi para asegurarme de estar lo más centrado posible, buscando la simetría, hice esta foto (esto es el raw con el revelado por defecto de Lightroom Classic):

Ya de paso, pongo los datos de exposición, que no creo que os sirvan de nada, pero a mí seguro que me dan pie a dar un poco más la tabarra:

1/500 • f/1.8 • ISO 125

Quizá debería haber cerrado un poco más el diafragma para ganar algo de nitidez y compensarlo bajando el tiempo de exposición, pero suelo llevar al menos 1/500 porque voy con la idea de poder «congelar» en la foto a alguna persona o algo que se mueva. En este caso, no hacía falta, porque lo único que se movía en la escena eran las palomas, e iban casi tan lentas como mi padre por la autopista. Pero bueno, tampoco importaba mucho todo esto.

Por cierto, no lo he dicho, pero por si le importa a alguien: la foto la hice con una compacta Sony RX100 M5A, con una focal equivalente a 24mm, si bien la cámara (que tiene sensor de 1″) incluye un zoom equivalente a 24-70mm. Os pongo aquí el típico enlace de afiliado de amazon, más que nada por si queréis chafardear las especificaciones:

Reflexión extra: una de las cosas que me fastidian de estas compactas con zoom es que acabas haciendo más fotos con el extremo más angular que con cualquier otra distancia focal, sin proponértelo. Al menos yo.

El motivo es que siempre que enciendes la cámara, el objetivo se ajusta en ese extremo más angular y cuando quieres hacer una foto o surge algo, es muy posible que dispares con esta focal simplemente porque es la que tienes ajustada de inicio. Por descontado que si hay que hacer zoom, lo haces… pero que 24mm (en el caso de esta Sony) sea la focal «titular», acaba favoreciéndola en las estadísticas – es inevitable.

Es cierto que, en el caso de esta cámara, se puede configurar un modo personalizado para que arranque por ejemplo a 35mm, 50mm o lo que sea, pero esto tiene otras pegas en las que no entraré para no aburrir. El caso es que esta foto es un ejemplo de ello: creo que 24mm era demasiado amplio para esta escena, y por eso luego tuve que corregir el efecto de perspectiva, que siempre es más perceptible con un angular.

El procesado

Evidentemente, la parte inferior estaba demasiado oscura, así que le he dado más luz tanto con el panel Básicos (con valores positivos de Exposición, Sombras y algo de Claridad), como con una máscara y un filtro radial, para añadirle más exposición y algo de claridad específicamente en la parte inferior-central.

También he hecho un ajuste en el panel HSL para tratar de quitar cierto halo verdoso que tenía la foto – el verde de la malla se me hacía un poco raro.

Como dije antes, creo que me pasé de angular, lo cual hacía más evidente el efecto de perspectiva. De modo que he corregido un poco la fuga de líneas desde el panel Transformar (con el control Vertical en negativo), y también he recortado un poco para compensar. Y algún ajustillo más, como darle algo de Textura.

Luego he hecho escala en Photoshop para darle un leve desenfoque postizo por los lados y por abajo. Lo habría hecho con Lightroom Classic, pero el problema es que luego no puedes añadir ruido selectivamente en esas zonas (el desenfoque anula la textura de grano de la foto). Pero bueno, me ahorro los pasos intermedios o se me alargará mucho la cosa – tampoco ha sido nada fuera de lo común.

A continuación os pongo el «antes«, que en este caso es la original con la perspectiva ya corregida y recortada (o sea, no es realmente el «antes» puro que está más arriba, pero lo hago así para que se pueda comparar el encuadre), y el «después» con los ajustes de luz y color aplicados:

Por cierto, que ahora que recuerdo, para ajustar el color (las tonalidades) de esta foto usé también el panel de Calibración de Lightroom Classic. Nunca lo hago, ya que este panel no está pensado para ajustar el color sino para corregir desviaciones de la cámara (o su perfil) a través de los colores primarios,. O sea, tiene una finalidad más técnica que artística, pero se le puede dar un uso creativo.

Volviendo al momento en que hice la foto, ya sabía que luego podría levantar las sombras y recuperar un poco más mi percepción de la escena, hasta llegar a algo parecido a lo que acabo de mostrar, así que el tema de que se viese más oscura al revisarla en la pantalla de la cámara no me preocupaba. Pero incluso así, no me convencía mucho, porque veía la cosa demasiado «vacía».

Por no haber, es que no había ni gente (y eso que es una zona muy transitada), salvo una señora que pasa por el fondo, en el centro, arrastrando una maleta roja que encaja muy bien con otros tonos de la imagen. Esto es una afortunada casualidad. Pero se ve tan pequeña en la foto, que prácticamente no pinta nada.

Artista al instante: el blanco y negro

Entonces pensé en el recurso fácil para salvar la papeleta y ser instantáneamente confundido con un artista: el blanco y negro. A todo aquel que publica una foto en blanco y negro se le presupone una cierta sensibilidad artística. Es verdad que, al cabo de unos segundos, a menudo se descubre que, en realidad, la foto es un truñazo – en blanco y negro, pero un truñazo. Ahora bien, ¿y la gloria que vives durante esos segundos? Hasta te puede caer algún que otro like en Instagram.

Así que pensé que quizá la solución era esa, hacer una versión en blanco y negro. Tal vez así consiguiese captar ese algo que me faltaba. Pero ojo, porque aquí es donde, una vez más, asomó la patita mi artista interior, una voz que surge en mi interior en los momentos más inoportunos: ¿hacer una conversión a blanco y negro a partir de la imagen que acababa de tomar, en el confort y tranquilidad de mi hogar? (Bueno, en mi «hogar» hay poco confort y ninguna tranquilidad, pero ya me entendéis.)

¡No! Un artista de mi categoría no iba a fiar el resultado a una hipotética conversión a blanco y negro hecha a posteriori. Así que tuve una ocurrencia: usar un estilo de imagen de blanco y negro de alto contraste (o algo así) que tiene esta Sony RX100 M5A y que me gusta bastante… pero que tiene una pega absurda: para poder usar cualquier estilo de imagen de la cámara, tienes que tirar solo en jpeg.

Entiendo que estos estilos propios de la cámara no se puedan usar si tiras solo en raw, claro, pero es que no te deja ni seleccionando raw+jpeg. Es como si los de Sony te dijeran: «Chaval, si usas nuestros estilos de foto, has de ir a por todas como un campeón. Aquí no nos valen medias tintas ni cagones, ¡nada de tirar también en raw como red de seguridad! Solo JPG o nada, lo tomas o lo dejas«. Unos canallas, vamos.

En fin, por probar, configuré primero el modo de archivo a «Solo JPG«, y luego activé este modo. Me parece que, a continuación, iba a bajar la velocidad de obturación dado que no había razón para tirar a 1/500, pero en ese momento vi por el rabillo del ojo que se acercaba un repartidor en bicicleta (aunque lo cool es llamarlo «rider«, claro).

No me acuerdo muy bien de cómo fue la cosa, pero improvisando sobre la marcha, hice esta otra foto (os pongo primero el jpeg original, tal como salió de la cámara):

Sé que, viendo la imagen, más de uno dirá de inmediato: «Un momento, yo he visto antes este tipo de imagen – esto tiene un nombre técnico, yo lo he estudiado, espera, espera, que ya me está viniendo, ¡lo tengo en la punta de la lengua!«.

No os preocupéis, que aquí está el tío Carlos para refrescaros la memoria: en círculos académicos, y siempre hablando entre entendidos que no temen deslumbrarse mutualmente por usar un vocabulario altamente sofisticado, esta imagen es lo que comúnmente se conoce como una mierda pinchá en un palo, al menos técnicamente.

Efectivamente, amigos (y amigas, amigues, amiguis, etc.), no vamos a engañarnos, la cosa no salió muy bien. Mi artista interior, que en el fondo es una rata cobarde, desapareció rápidamente al ver el estropicio que había provocado su brillante idea. En fin, que me estaban pasando los minutos y yo seguía encallado ahí, así que me olvidé ya del tema, y seguí mi camino.

No obstante, ahora, dos años después (como ya comenté, llevo un retraso considerable revisando fotos), me he encontrado con esta imagen en jpeg y he pensado que a lo mejor sí que tenía potencial, por lo que he perpetrado un acto abominable, algo que siempre se desaconseja por estar considerado como un acto contra natura: he editado el jpeg en blanco y negro que salió de la cámara. Un pobre archivo de 8 bits, con su mísera compresion con pérdida, que no tenía culpa de nada.

No voy a señalaros todas las deficiencias de esta versión editada, porque sería una especie de body shaming en versión píxel. Luces reventadas, sombras posterizadas, desastres tonales incompatibles con el procesado, un histograma declarado como zona catastrófica… Eso por no mencionar que el personaje está movido y desenfocado. En fin, os muestro el resultado:

Pese a las citadas deficiencias, creo que la cosa mejoró y la sensación de catástrofe se redujo un poco. Pero en principio, seguía apostando por la foto en color.

El dilema

Bueno, al principio de esta megaturra os prometía algún tipo de dilema fotográfico. Y por fin llegamos a esa parte.

El asunto es que, al final, cuando iba a publicar en instagram/flickr la primera foto (la versión en color, más «vacía»), me di cuenta de que, pese a todo, la versión en blanco y negro, recauchutada a partir del triste jpeg original… me gustaba más que la foto que hice antes, más «perfecta» (entre comillas) y editada con unas mínimas garantías tonales.

¿Por qué? Así de entrada, uno no lo sabe – es una percepción sin más. Pero pensándolo un poco, tiene lógica – en esta segunda versión hay un elemento principal, tiene dinamismo (además de la sensación de movimiento, rompe la simetría del resto de la escena) y ese motivo humano te permite depositar la mirada y desde ahí explorar el resto de la imagen. Es una foto con vida, frente a la imagen anterior que es poco menos que una especie de naturaleza muerta urban edition.

Sin embargo, cuando vuelvo a mirar la imagen previa, me gustan los colores, cierta sensación de sosiego que transmite, en parte por la simetría, y que técnicamente está mejor como ya dije. Os repito aquí la comparativa inicial, ahora que tendrá más sentido (espero):

Evidentemente, ninguna de las dos es una obra maestra, supongo que eso no hace falta decirlo. Pero son dos enfoques distintos de una misma escena y creo que sirven para ilustrar esta clase de «dilemas». ¿Con cuál os quedáis? Si es que tenéis alguna preferencia, claro – igual ninguna de las dos os dice nada (descarto que haya algún enajenado al que ambas le parezcan buenas).

Concluyendo que es gerundio

Pues nada, poco que añadir. Esta vez me he superado, porque ni os he explicado mucha historia o técnica fotográfica, ni he entrado en demasiado detalle del procesado. Pero sí que me parece interesante el tema de elegir entre fotos que están «bien», y fotos más imperfectas pero más «vivas», porque es algo que creo que a todos nos ocurre de vez en cuando: tienes una foto que técnicamente está en su sitio, pero no tiene ese algo especial. Y luego tienes otra foto que no ha salido bien desde un punto de vista técnico, pero que capta mucho más tu atención; te seduce, te mantiene mirándola o lo que sea.

¿Os ha pasado? ¿Os resulta fácil elegir en esos casos? ¿Tiene algún sentido todo esto que cuento? ¿Vuestros padres adelantaban coches por la autopista? Contadme en los comentarios, si sois tan amables.

Eso sí, como siempre, ¡gracias por vuestra atención!

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Comments

  1. Muy buenas tus historias carlos, siempre un placer. No, no conocía a Can Tunis y viendo el video, me ha sorprendido. También comparto contigo, a veces una fotografía sin persona es un escenario sin actores, incluir a alguien que entra sin ser invitado, de forma espontánea, atrae, a mi parecer. Muchas gracias, una vez más, por tus vivencias y conocimientos maestro, un abrazo Carlos

  2. Mi incontinencia verbal me pierde, lo sé, así que paso a contestar a tus preguntas:

    1.- Si
    2.- No
    3.- No
    4.-No, no había autopistas en Spain.

    ¡Gracias por tus enseñanzas y por tu sentido del humor!

    1. Author

      Gracias Miguel Francisco por mirar esto y por comentar. Supongo que la época de las calles adoquinadas y la ausencia de autopistas debieron de ser contemporáneas. ¡Un saludo!

  3. Pues yo tampoco sé con cuál quedarme, Carlos.

    En realidad no son fotos comparables.

    Aunque el escenario es el mismo, pero son bien distintas.

    La de color es más bien descriptiva de esa zona que bien conoces, yo no, cerca de la bellísima Catedral.

    La foto en blanco y negro sería más «periodística». Tiene movimiento, contraste extremo, casi violencia.

    Si en vez de un pacífico repartidor, concentrado en su conducción y esforzándose por llegar lo antes posible a su destino, pones un guerrero ucraniano, con casco de camuflaje, mirilla de infrarrojos levantada, armado hasta los dientes y dices que es una calle de Kiev, bueno, quizá habría que añadir algo de escombros, las palomas (de la paz) muertas, por supuesto y manipulas la foto para que muchos de los cristales de las ventanas aparezcan reventados…

    Entonces te podrías llevar el Pulitzer tras tu regreso a casa después de una temporada de corresponsal de guerra…

    Como ves, yo también me enrollo… Pero no es venganza… 😉

    1. Author

      Juan: Gracias por comentar. Sí, son muy distintas, de ahí mi dificultad para decantarme por una u otra como representativa de ese lugar y momento.

      Lo de Ucrania, pues… tal vez sí que se ve un poco desolado el escenario 😅

      Bueno, lo dicho, gracias por tu atención y comentario, saludos 😎

  4. Sin duda me quedo con aquella foto que transmita algo, aún con elevadas carencias técnicas, frente a cualquier foto ‘perfecta’ pero insulsa.
    Pero, sin duda, la elección siempre es complicada.

  5. Hola Carlos,
    Miro y leo todo lo que pones por aqui. Me encanta tu humor pero tambien tu forma de enseñar fotografia.
    Sigo aprendiendo mucho contigo , espero que sigas asi.
    Es muy dificil elegir una de las dos, cada una tiene sus pro y sus contra.
    Saludos

  6. Hola Carlos,
    Alguna vez me ha pasado también.
    En este caso dependería del destino final de la foto: si fuera para un folleto turístico o parecido, elegiría la primera. Si fuera de apoyo para hablar de la vida urbana, la segunda. Para mi colección particular, claramente la segunda, que tiene mucha más vida y oportunidad (para ver esa calle, siempre puedo volver a ella, aunque ahora ya no hay red verde).
    Últimamente «casi» espero más tus «historias de una foto» que tus magistrales tutoriales. Eres un crack.
    Un cordial saludo

  7. Muy entretenida la historia, Carlos, me has hecho reír mucho.

    De las dos fotitos, yo prefiero la del rider aunque técnicamente sea menos perfecta que la otra. Más espontánea y dinámica, me gusta.

    Saludos para ti y para tu artista interior y hasta la próxima 🤗🤗

    1. Author

      Silvia: Muchas gracias por pasar y comentar. Tu opinión, como artista cualificada que eres (de las de verdad, que hasta vendes tus obras por ahí), es muy apreciada.
      Un abrazo 🤗

  8. Hola Carlos:
    Para mi gusto la perfección técnica es una prioridad sólo en el momento de tirar las fotos, luego, a la hora de elegir LA foto hay otras prioridades que pueden pesar más, en este caso me quedo con la segunda porque cuenta algo. Pero claro, también, como ya han reseñado, es importante tener en cuenta el destino final/objetivo de la foto.
    Una vez más, gracias por tu trabajo y por tu amena forma de contar las cosas.

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