Qué micro uso y por qué (miniguía microfonil)

In Tecnología y reflexiones by Carlos A. Oliveras8 Comments

Como explico en el vídeo, varias veces me han preguntado qué micro uso. Creo que esta pregunta (y otras más sobre cómo grabo los vídeos) tienen que ver con que mucha gente se crea algún canal de youtube, podcast o grabaciones domésticas, y anda bastante perdida a la hora de elegir el material, con lo que cualquier referencia ayuda.

Intro e intenciones

Desde esa perspectiva he grabado el vídeo y escrito esta entrada, en plan “de un despistado para otros despistados“, en el sentido de que ni soy experto en el tema, ni me interesa especialmente, pero necesito saber algo de este material y cómo usarlo, y eso es básicamente lo que comparto aquí, pensando en gente que pase por la misma situación.

En esta entrada de texto seguiré el mismo esquema del vídeo, pero no será una mera repetición: intentaré matizar o ampliar cosas que comento en dicho vídeo pero que, al ser un tanto improvisado, quizá no he terminado de explicar bien. Así y todo, igual que el vídeo, esta entrada no pretende ser un análisis de ningún micro en particular, aunque le dé algo más de protagonismo al micro que uso.

Por qué usar un micro externo

Las webcams y cámaras con que podemos grabarnos tienen micrófono. Pero (1) no suelen ser los mejores micrófonos, especialmente en el caso de una webcam, y (2) usar el micro de la cámara nos impide elegir una colocación distinta para este. Hemos de captar imagen y sonido desde un mismo lugar, sin poder decidir si el audio se recogería mejor desde otro lugar.

Dicho esto, también quería comentar que si estáis empezando, yo recomendaría mantener las cosas lo más simples posibles al principio. A veces uno no sabe si su canal, podcast o lo que sea va a tener mucho recorrido, y empezar de golpe con más trasto del necesario puede suponer más problemas que soluciones. Así que tampoco queráis empezar con todo perfecto – id poco a poco y cuando sea el momento, mejorad cosas. Pero repito, como punto de partida, aplicad el principio “KISS“: “Keep It Simple, Stupid” (vamos, que no te compliques la vida a lo tonto).

Ya puestos, aquí os muestro el modelo más reciente de la webcam que uso – yo tengo la C920, pero actualmente hay una versión más moderna, la C922. Es una de las mejores webcams actuales, aunque siempre teniendo en cuenta que las webcams son lo que son, y su audio también, aunque por lo que he visto en reviews, creo que en la C922 el audio es un poco mejor que en la C920.

Y como alguno me lo preguntará, esta es la cámara con la que me he grabado en este vídeo, una Sony RX100 M5A (aunque a efectos prácticos, os daría el mismo resultado la versión 4 o la 5 a secas). La pantalla posterior es abatible hacia arriba hasta 180º, lo cual ayuda a verse en plan selfie mientras te grabas, pero no tiene entrada de audio externo:

Micrófonos de condensador

Pasando ya a micrófonos como tales, seguramente encontremos muchos “de sobremesa”. Estos micrófonos suelen ser de condensador, lo cual significa que son muy sensibles y por eso pueden estar sobre la mesa, relativamente separados de nuestra boca. Pero esta sensibilidad es un arma de doble filo: por un lado, registran el sonido mejor que los micrófonos dinámicos (de los que hablaré luego) y la respuesta a lo largo del rango de frecuencias suele ser mayor y más equilibrada, pero por otro lado, también se cuela mucho más ruido de fondo y el eco de la habitación. Son ideales si estás en un estudio (cuyas salas están especialmente acondicionadas y aisladas), o en una habitación más bien pequeña, a poder ser con moqueta, paneles de absorción de sonido, muebles o cualquier cosa que mitigue la reverberación (el eco).

Dado que hablamos de micros para uso doméstico, aquí uno de los más populares es, sin duda, el Blue Yeti, un clásico de los vídeos de YouTube:

El Blue Yeti tiene un selector que permite activar o desactivar cápsulas de los micrófonos para, de este modo, variar el patrón de captación/rechazo, permitiéndonos elegir entre 4 patrones, dos de los cuales son el omnidireccional (capta lo que le llegue por cualquier lado), o el cardiode (capta solo por el frontal del micro, ideal si solo hablas tú). También tiene un patrón bidireccional y uno estéreo, que veo menos útiles salvo que estés con otra persona. Es un micro estupendo para quien grabe en una habitación sin demasiada reverberación.

Dicho esto, aprovecho para comentaros que hay un modelo más nuevo que, aunque tiene alguna opción menos, me parece ideal: el Blue Nano. Es algo más pequeño (el Yeti original es un trasto), la ganancia se ajusta por software y no con un control físico, pero conserva los patrones omnidireccional y cardiode, y en líneas generales da la misma calidad que el Blue Yeti en un tamaño y precio menores. Me ha tentado alguna vez la idea de comprarlo, porque creo que, aun siendo de condensador, su patrón cardiode no me pillaría tanto eco, y es lo bastante pequeño para poderlo tener en la mesa bastante cerca, sin que me estorbe. Sería un alivio dejar de hacer equilibrios locutorios con mi micrófono rollo “transformer” (brazo+pinza+micro), que como luego comentaré, requiere cierta técnica, pero no acabo de ver claro si la mayor comodidad de uso compensaría la (teórica) menor calidad en un entorno como el mío.

Por último, por si a alguien le interesase, pongo enlace a la grabadora de mano Zoom H1 N, que es un clásico en su categoría. Yo tengo el modelo antiguo, que aún se puede adquirir, pero si la vais a comprar, mejor comprad este modelo más nuevo. Además de poderse usar como grabadora portátil, puede conectarse por USB al ordenador y funcionar como micrófono (pero de forma puntual – no la recomendaría solo con ese fin, ya que para ponerla en modo micrófono USB hay que pulsar unos botones cada vez, y sería incómodo a la larga).

Micrófonos dinámicos

Este tipo de micrófonos son mucho más selectivos a la hora de recoger el audio: requieren que tu boca esté bastante cerca del micro y, por lo general, el patrón es cardiode, lo cual, combinado con esa cercanía que requieren, significa que desde la posición idónea, cualquier desviación de unos pocos centímetros se transmitirá en un cambio en el volumen y profundidad de la voz (que tampoco es el fin del mundo, pero hay que vigilar). A cambio, ofrecen dos grandes ventajas que en el fondo, son la misma: (1) adiós a la mayoría de ruidos de fondo (ventilador del ordenador/aire acondicionado, ruidos de calle, vecinos…) y (2) adiós eco. Por supuesto, algún ruido y algo de eco puede colarse, pero muy minimizados.

Además, la proximidad que requieren se traduce normalmente en un efecto más “radiofónico” que potencia los graves de la voz, si bien esto trae consigo otra pega: se oirá mucho más el sonido de la respiración, los chasqueos de la lengua, las salivaciones y otros ruiditos propios del aparato bucal humanoide. Esto solo será una ventaja si eres uno de esos depravados del “asmr” – ya sabéis, lo de la gente que susurra y hace ruidos babosos con la boca pegada al micro para que otros se pongan como una moto oyéndolo. Aunque para eso, iría mejor amorrarse a uno de condensador, que captará vuestra salivacion y chasquidos en toda su (desagradable) gloria. Qué ironía que algo que yo me esfuerzo en evitar, sea el éxito de otros canales. En fin, el asunto es que para la mayoría, lo de acercar los morros al micrófono y contener la respiracion y los chasqueos solo será una complicación más.

Mi micro dinámico favorito es el que uso, el Audio Technica ATR 2100 USB. Es un micro que en 2013 estaba por unos 32 € en amazon.com – allí lo compré porque, por algún motivo, este micro era complicado de adquirir en Europa. Pero al popularizarse por las reviews (aquí una en español del podcast 9decibelios), los de Audio Technica empezaron a subirse a la parra con el precio, que a fecha de hoy ya roza los 100 €, pero eso sí, al menos ya se puede comprar en amazon.es. Por 32 € era un chollazo, por 100 €, ya no es tan espectacular, aunque teniendo en cuenta que ofrece doble interfaz USB / XLR (en cristiano: puedes conectarlo al ordenador, o a una mesa de mezclas) y monitorización en tiempo real (puedes conectarle auriculares y oírte), sigue siendo una gran opción.

Dado que, como dije antes, hace años era muy complicado comprarlo en Europa, surgió un modelo competidor que, hasta donde yo sé, es muy parecido en prestaciones y precio al antes mencionado: el Samson Q2U. Más allá de esto, no puedo deciros mucho pues no lo he usado, pero suelo verlo mencionado como primo hermano del Audio Technica ATR 2100.

Otro micrófono dinámico clásico que yo estuve a punto de comprar en su día es el Rode Podcaster (no confundir con el Procaster que mencioné por error en el vídeo – esa versión no tiene conexión USB). Tengo entendido que -al menos sobre el papel- el Rode Podcaster es algo mejor que el Audio Technica por el tamaño y calidad de su diafragma y otros elementos de audio y electrónica, aunque también es más caro y tiene una estética distinta.

Complementos para micrófonos: brazos, arañas y antipops

En este apartado voy a comentar algo muy importante, pero que no he mencionado en el vídeo por simplificar: los complementos que pueden hacernos falta para poder usar el micrófono con comodidad, especialmente si es un micro “de mano” como el ATR2100 y similares. Como reza el dicho, no se cava con el mango de la azada, pero el mango ayuda a cavar.

Soportes/Brazos

Especialmente en el caso de los micrófonos dinámicos, vais a necesita algún tipo de soporte que os facilite tenerlo cerca de la boca. Yo empecé usando un pequeño trípode, pero os lo desaconsejo: al principio pensaba que me las apañaría, pero incluso tras hacer mil inventos, era un engorro monumental. Luego, durante un tiempo usé un brazo que iba sujeto a una base pesada que colocaba en una esquina de la mesa. Era más funcional, pero tremendamente aparatoso de poner y guardar (porque no podía dejarlo desplegado todo el tiempo), y la base pesaba como un muerto. No conseguí una solución realmente práctica hasta que me compré un brazo como este:

En este momento está por 20 € así que es perfecto en relación calidad precio (a mí me costó 31 € hace unos 3 años). Los de este tipo me gustan porque, a diferencia de otros, no se requiere agujerear la mesa ni instalar una fijación permanente, pues van atornillados a presión (aunque ojo, porque fácilmente acaba dejando algún arañazo o marca). Además, este viene con pinza incluida (la pieza de plástico del extremo donde se coloca el micro). Dicho esto, no es el colmo de la robustez, algunos tornillos de ajuste no dan sensación de gran calidad, y de vez en cuando se me sale del sitio alguna parte y tengo que reajustarla. Pero es algo muy menor – me cumple la función perfectamente.

Arañas o “shock mounts”

Veréis que junto a los brazos, a menudo intentan endosarte un “shock mount” o “araña“, un mecanismo que sustituye a la pinza como forma de sujetar el micro al brazo. Las arañas son más aparatosas pero cumplen una función extra, que es proteger el micrófono de cualquier temblequeo o vibración que pueda transmitirse de la mesa al micro a través del brazo – esto lo consiguen sujetando el micro en una estructura flexible que absorbe esas posibles vibraciones. En mi caso particular, ni tecleando ni tocando la mesa le llega vibración al micrófono, de modo que siempre he prescindido de este elemento, pero lo comento para que sepáis qué es, o cómo solución en caso de que montéis el micro en un brazo, y os pille vibraciones.

Antipops y capuchones de espuma

Finalmente llegamos a un complemento que creo que se usa mucho más de lo necesario, a menos en youtube: los filtros antipop. Se trata de filtros que se colocan a modo de pantalla, delante del micro, para que cuando hables o cantes muy cerca de él, absorban los “microsoplidos” que provocan algunas letras, típicamente las pés y las efes. Os pongo uno de ejemplo, pero seguid leyendo, porque lo más probable es que no lo necesitéis:

Digo que es un complemento que se utiliza más de lo necesario porque es habitual ver a gente que, teniendo el micro a un metro o más, le pone un filtro de este tipo. Pero a esa distancia (a partir de un palmo, o poco más), el filtro hace muy poco, a menos que resoples/exhales muy fuerte, o que puntualmente te muevas y acerques la boca mucho al micrófono. En general, con el típico micro de condensador que pones en la mesa, no hace falta preocuparse por este tema.

Con micrófonos dinámicos que requieren hablar cerca, algún tipo de filtro antipop tiene más sentido, pero encuentro mucho más cómodo usar un simple capuchón de espuma… y lo digo yo que, en su día, me compré un filtro antipop circular bastante caro, de una primera marca de artículos musicales, y al cabo de dos años lo tiré para poner en su lugar un capuchón de espuma de precio ínfimo: infinitivamente más cómodo, e igual de útil (o más) que el antipop grande, con el cual hice el primo a base de bien.

He comprado varios capuchones desde entonces, pero veo que el que yo pedía ya no está disponible, aunque este que os pongo parece más o menos lo mismo:

Micrófonos de solapa

Los micros de solapa son discretos (no llaman la atención si sales en plano), y no sufren fluctuaciones de volumen por movernos o girar la cabeza, salvo que te rote 180 grados como a la niña del exorcista. No obstante, a mí no me acaban de convencer mucho estos micros por dos motivos: uno, porque suponen estar “atado” por el cable, y yo a menudo me tengo que levantar de la silla mientras grabo (que si llaman a la puerta, que si me he dejado algo en otra habitación…), con lo que cada vez me lo he de quitar/poner o desconectarlo. Los hay inalámbricos, pero dado que grabo pegado al ordenador, sería ridículo. Y, por otro lado, no sé si es por el eco, por mi tarjeta de sonido o por ser modelos económicos, pero no me acaba de convencer la calidad de los micros de solapa que he probado (seguramente haya que irse a precios mucho más altos para tener algo comparable con micros de mayor tamaño – sería lógico).

En esta categoría os propongo dos modelos. El primero es el Audio-Technica ATR-3350, este únicamente lo considero válido para enchufarlo a una cámara que tenga entrada de audio, y mejorar el audio “interno”. Lleva una pila de botón y hay que ponerlo en “on” cada vez que lo usemos (y acordarse de ponerlo en “off” al final, o se gastará la pila). Conectado al ordenador da una señal muy pobre, así que no lo recomiendo para ese fin. Para usarlo como micro externo de una cámara, en cambio, creo que tiene muy buena relación calidad-precio. En el vídeo no lo he mostrado, pero aquí podéis ver (o mejor dicho, oír) un par de vídeos donde lo usé: vídeo 1vídeo 2.

Si os interesa un micro que podáis usar con la cámara, con el ordenador, con el móvil y hasta con la GoPro, os recomiendo el Saramonic LavMic, un micro muy versátil y con una señal tan fuerte como queramos, pues cuenta con un regulador en la “petaca” donde se conectan los cables (siempre es mejor subir la señal en origen, que luego en el ordenador). También puedes conectarle auriculares para monitorizar el audio, lo cual es muy útil con cámaras que quizá tengan entrada de micro pero no salida de auriculares. Usa una pila AA y aunque sea algo más caro, cubre todas las posibilidades.

Conclusiones

Pues nada, una vez más, un tema que me parecía sencillo termina dando mucho de sí. Y eso que ni siquiera he hecho un análisis completo de ninguno de estos productos. Pero al menos ya tendré un recurso al que dirigir a quien me pregunte por este tema… salvo que ahora cambie de micro, que no lo tengo previsto, pero por ley de Murphy, sería muy típico descubrir ahora otra opción, y dejar en fuera de juego mi propio vídeo.

En fin, si tenéis dudas, preguntad, aunque como ya he dicho, no soy experto en el tema, así que solo puedo responder cosas puntuales. Un saludo y, como siempre, thanks for watching.



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Comments

  1. Aunque vine pensando que era sobre microprocesadores (soy así de lelo) me ha servido de ayuda..

    Abrazos!

    1. Author

      Jorge: Ya, a mí mismo me pasó por la cabeza, puse “micro” por abreviar, más que nada. Pero de microprocesadores entiendo menos que de micrófonos, así que con eso ya no me atrevería, jeje. Gracias mil por pasar y dejarme tu comentario, un saludo.

  2. Excelente video, Carlos! Justo estaba pensando en comprar un micrófono para comenzar un podcast. He leído mucho sobre el tema pero no hay nada mejor que verlo “en acción” y explicado de manera brillante como siempre. Abrazo.

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