Confesiones de un adicto a Photoshop (parte I)

In Relatos y humor by Carlos A. Oliveras19 Comments

Mi nombre es <identidad ocultada> y soy photoshopahólico. Como todo el mundo, empecé a tontear con el procesado de imágenes como si fuera un juego. Lo típico: poner más azul ese cielo, dar algo de contraste, hacer algún recorte y poco más. Pero claro, llega un momento en que el Picassa y esas cosas no son suficiente, te juntas con malas compañías y alguien de confianza te consigue algún Photoshop. Te dice que no te cortes, que hoy en día lo usa todo el mundo y en fin… te animas, y ya empiezas a dramatizar cielos, a suavizarle la piel a la parienta y a borrar a la suegra de las fotos. Y para cuando quieres darte cuenta, ya estás pillado.


Los cielos dramatizados son responsables de más del 60% de las
adicciones a Photoshop. Déjelo antes de que sea demasiado tarde.

En mi caso, no fui consciente de que tenía un problema hasta que un día, mientras me afeitaba, me corté y pensé “ya me lo clonaré después con el tampón“, sin darle mayor importancia. Tardé unos segundos en darme cuenta de que mi vida no era una foto. Y lo que es peor, ¿para qué usar el tampón de clonar? Habría bastado con usar el pincel corrector puntual. A partir de ahí, ya no hubo vuelta atrás: empecé a tener la sensación de que el mundo estaba subexpuesto. Al principio, era algo ocasional, pero empezó a ocurrirme cada vez con mayor frecuencia. Salía a la calle, y raro era el día que no veía las calles y los edificios mal iluminados, y eso que parte del cielo estaba claramente quemado. Paralelamente, los colores de las cosas empezaron a parecerme cada vez más pobres, menos saturados. Y más de una vez me sorprendía a mí mismo en cualquier esquina alzando el brazo y buscando en el aire algún control deslizante que me permitiese darle a la escena la luz y el color que yo consideraba necesarios. Dichos controles solo existían en mi imaginación, pero con la tontería de levantar el brazo sin pensarlo, cada dos por tres paraba un taxi sin querer. Y del apuro que me daba explicarle la historia al taxista, prefería subirme para ir a cualquier lado. Me dejé una buena renta en taxis, porque además, luego tenía que coger otro para volver a casa.




Los taxis siempre han tratado de aprovecharse de los adictos a Photoshop.
Emplean tonos puros en su carrocería, en la lucecita verde y en los carteles
de las paradas para captar la atención de los pobres yonkis del procesado
de imágenes, a los que despluman sin piedad siempre que pueden.
 

Con el paso del tiempo, esta percepción pálida y apagada de la realidad dejó de ser una simple curiosidad para convertirse en algo francamente molesto. Gracias al bendito Photoshop, mis fotos tenían un aspecto correcto, con el contraste y el colorido adecuados, pero la realidad cada vez se les parecía menos, lo cual me llevó a hacerme una pregunta para la que no tenía respuesta: ¿eran mis fotos cada vez más bonitas, o el mundo cada vez más feo? ¿Quién me estaba mintiendo? ¿El sensor de la cámara? ¿El monitor? ¿Mis propios ojos? No era ésta la única duda que me asaltaba; a menudo me sorprendía a mí mismo preguntándome cosas extrañas, como cuántos bits tenía mi retina o qué resolución en píxeles por pulgada tenían mis córneas.

Decidí visitar el servicio técnico de mis globos oculares, que se llamaba “oculista”. Allí me atendió un tipo con bata blanca, lo cual me fue muy bien como referencia para usar mentalmente el cuentagotas del balance de blancos (la iluminación de tungsteno de la sala podía inducirme a error). Le pedí que revisara el rango dinámico de mis ojos, que me confirmase que yo veía en TIFF de 32 bits y, sobre todo, que el espacio de color de mi cerebro coincidiera con el de mi nervio óptico, pues esa podía muy bien ser la causa de mi percepción desvaída y colorimétricamente desajustada. Sin embargo, tras realizarme unas cuantas pruebas, el técnico me dijo que tenía la vista perfecta. Descontento con su diagnóstico, le pedí que al menos me diese unas gotas para dilatar las pupilas y aumentar así la entrada de luz, pues de otro modo me era imposible derechear mi histograma visual. Tuve que explicárselo con detalle, pues el tipo no me entendía. Finalmente, me dijo que ya lo entendía, me hizo un papel para la receta y me acompañó hasta la puerta. Me fui un poco más contento, pero al llegar a la farmacia descubrí que lo que me había anotado en el papel no era la prescripción de las gotas sino el nombre y teléfono de un psiquiatra.

Los desvaríos del oculista no harían que yo cejase en mi empeño, así que me fui a una óptica y me hice construir unas gafas con roscas en cada cristal, con el fin de montar sendos polarizadores en ellos. Confiaba en que esto intensificase los colores y me librase de algún que otro cielo quemado, pero no me sirvió de gran cosa, y lo que es peor, no caí en pedir que la rosca fuera giratoria, de modo que para cambiar el ángulo del polarizador, lo único que podía hacer era ponerme las gafas del revés. Cuando lo hacía, algunas personas me confundían con Rappel, lo cual era humillante. Además, la historia de las gafas me añadió una preocupación adicional: ¿desarrollan las ópticas perfiles de lente para corregir la distorsión de barril que provocan sus gafas? Adobe bien que lo hace, pero ¿y General Óptica y compañía?


Los oculistas a menudo topan con casos graves de gente que asegura
tener la vista descalibrada o en el espacio de color equivocado. Algunos
desarrollan la habilidad de abrir y cerrar sus pupilas a voluntad como si
fueran auténticos diafragmas. Aquí podemos ver una pupila a f/16.
 

Tiré las gafas tan pronto como me di cuenta de que, efectivamente, el perfil no aparecía en el desplegable de perfiles de Camera raw y la página web oficial de Alain Afelou no incluía ningún apartado de descargas. Qué desastre. Pero lo de llevar gafas me dio la idea de enmarcar la realidad, de reducir mi campo de visión a un rectángulo de proporción 3:2. Me hice con un casco de soldador, una de esas máscaras con una ventanita a la altura de los ojos, y tan pronto como me la puse, sentí un gran alivio: llevaba toda la vida condenado a una visión panorámica, pero ahora por fin podía definir unos límites y encuadrar lo que veía, igual que con la herramienta de Recorte. Además, me hice unas cartulinas para tapar parte del cristal y simular también un recorte cuadrado de 1:1.

Por supuesto, verme con la máscara puesta no le hizo mucha gracia a mi mujer – el primer día se asustó al verme llegar a casa; luego decía que me estaba volviendo loco. Algo de razón tenía, porque encuadrar en vertical era bastante complicado (tenía que ladear la cabeza, lo cual me provocaba unas tortícolis tremendas), y además no había tenido la precaución de pintar el interior de la máscara con gris medio. Reconocía este fallo, pero ella no me dejaba en paz, quería que me quitase la máscara 3:2 y que dejase de dedicarle más tiempo al Photoshop que a ella. Su irritante voz llegaba a mí como la típica ventanita de Photoshop que informa de algún error o advertencia. Pero a diferencia de lo que pasa con algunos de esos avisos, mi mujer no disponía de una casilla “No volver a mostrar el aviso“: tenía que aguantar las mismas reprimendas una y otra vez. Así que al final, tuve que decirle la verdad: me daba igual lo que pensase, porque ella ya no me gustaba. Necesitaba urgentemente que le pasasen un filtro para perfeccionar su piel y disimular sus ojeras, aparte de enfocar más su mirada y aclarar el blanco de sus ojos y dientes. Y qué decir de su cuerpo: le hacían falta unas cuantas transformaciones de urgencia, empezando por Licuar y terminando por el Control+T para transformarla en modo Deformar. Ya no era la mujer con la que me casé, o por lo menos no era la mujer que salía en mis fotos: comparada con la pantalla del ordenador y con mi carpeta de retratos procesados, la veía claramente arrugada, imperfecta y amorfa perdida. Con el paso de los años, a la pobre se le había puesto un histograma horroroso, pero no era culpa mía, fue ella quien se empeñó en vivir en 8 bits. Y fue entonces cuando empecé a verla como una máscara de capa que yo siempre arrastraba a mi lado. La alianza ceñida a mi dedo anular se me antojaba como el icono del eslabón que la vinculaba a mí, sincronizando sus molestos movimientos con los míos y enmascarando mis píxeles con su negrura.


La adicción provoca roces en las relaciones. En su delirio photoshopero, son muchos los que creen ser
capas de píxeles vinculadas por el matrimonio a máscaras de capa que “eclipsan” su personalidad.
Lo peor es que a veces tienen razón.
 

La cosa es que discutimos, y en un subidón de temperatura del color, llegué a decirle que su cara me parecía un draganizado del montón, y que debería pixelarse la cara y el cuerpo antes de salir a la calle por respeto a los demás. Entonces, ella hizo la maleta y se fue a vivir a otro documento, a la ventana de sus padres, creo. Mejor para mí: fue como minimizarla y aumentar el tamaño de mi lienzo (Imagen/Tamaño de lienzo…). Además, así pude reconfigurar la colocación de los muebles y objetos del piso y guardar este nuevo orden como un espacio de trabajo. Ya lo había intentado en el pasado, pero mi mujer siempre me lo reseteaba todo. Para mayor perfección, instalé cintas métricas en las paredes a modo de regla, y tendí algunos hilos de color cian de punta a punta para simular unas guías que me permitiesen alinearlo todo de forma perfecta.


Resetear el espacio de trabajo de un adicto a Photoshop puede
causarle graves crisis nerviosas. No se recomienda hacerlo a
menos que cuente con el asesoramiento de un profesional.
 

Tras este incidente, me vi sumido en una extraña sensación de soledad. Las noches eran largas, de negros empastadísimos que yo veía azules, como si tuviera activado el aviso de recorte de sombras de Adobe Camera Raw, solo que aquello no había exposición ni luz de relleno que lo arreglase. Tuve que desconectar todos los aparatos de la casa con pilotos rojos de stand by, porque en la oscuridad me parecían píxeles calientes (hot pixels) causados por una larga exposición o por una retina defectuosa que el maldito oculista nunca querría remapearme. El problema es que entonces, al apagar hasta la radio despertador, perdía toda referencia visual, y al despertarme desorientado por la noche y verlo todo negro, creía que me había dejado la tapa de la cámara puesta. Tenía pesadillas extrañas en las que el mundo se convertía en un GIF de 32 colores y yo era el único que se daba cuenta. Otra vez soñé que podía viajar en el tiempo manipulando la paleta de Historia en modo no lineal.


Una fantasía recurrente de estos enfermos es la percepción del
tiempo como distintos estados de la paleta de Historia, superpuestos.
 

Pero los días no eran mucho mejores: en cuanto salía a la calle, allí donde miraba había gente. Empecé a odiar a todo el mundo: gente, gente y más gente. Era como si alguien los hubiese clonado. Me estropeaban la composición, siempre metiéndose en medio, moviéndose, estorbando, creando desorden. Sentía el intenso deseo de pintarles por encima en el modo de máscara rápida para seleccionarlos, luego cortarlos a una nueva capa (capa vía cortar) y una vez allí, arrastrar la capa hasta el contenedor de basuras más cercano, a falta del icono de la papelera. Lo sé, lo sé, es un disparate: lo lógico sería borrarlos directamente de mi imagen mental con el borrador, pero me parecía más humillante extirparlos primero de mi capa para luego aniquilarlos sin siquiera molestarme en perfeccionar la selección, para hacer aún más patente mi desprecio por sus contornos.


Personas seleccionadas en la imaginación de un adicto.
La función “rellenar según contenido” (Content aware fill) de CS5
no ha hecho sino disparar la incidencia de este grave delirio.
 

Pronto empecé a sospechar que ellos también querían eliminarme a mí: de vez en cuando, notaba una línea punteada que me envolvía y me aislaba del resto del mundo. Lo notaba, notaba perfectamente el cosquilleo de la selección ajustada a mi cuerpo, deslizándose intermitentemente sobre mi silueta. Tenía claro que no iba a ser el cazador cazado, por eso lllevaba siempre en el bolsillo las teclas CTRL y D para pulsarlas y quitarme la selección antes de que pasase algo. Lo hacía constantemente, CTRL+D, CTRL+D, CTRL+D. No iba a permitir que nadie me borrase o me practicase un ajuste de curvas sin mi permiso. Y si para ello tenía que pulsar CTRL+A para seleccionarlo todo y borrar el mundo entero, estaba dispuesto a hacerlo.

ir a la segunda parte >>>



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Comments

  1. Me ha encantado este relato…y lo peor! Me he sentido identificado en algunos casos! A veces creo que di me acerco mucho a las cosas…¡Veré los pixeles! Jaja

  2. estas realmente mal
    es triste ver como has perdido el sentido de la realidad
    deberias recuperar el telefono del psiquiatra e intentar reconducir tu vision de la vida
    seguro que te dirá que
    quizas puedas encontrar la paz con el lightroom 4
    te dara un nuevo sentido a tu vida
    un cambio de rumbo
    tambien debes cambiar tu actitud
    que es eso de amenazarnos con una segunda parte
    he tenido que estar 15 minutos de reflexión para comprender tu mensaje
    tu llamada de auxilio
    y una vez comprendida
    no hace falta que insistas mas
    YA LO HE ENTENDIDO!

  3. Author

    Jesús: ¡Gracias!

    Jordi: Ah, pero no es mi historia, ¿eh? ¡Se supone que narro la historia de otro! Yo, a fecha de hoy, no he encontrado mujer que me soporte, como el del relato, que al menos tuvo esa suerte! Pero llevemos cuidado con reírnos de ese caso, ¡¡nadie está a salvo de acabar como el protagonista!! Y efectivamente falta la segunda parte… Saludos y gracias por pasar y comentar! 🙂

  4. Eres un cachondo y un genio, me encanta leer tus locuras, tus tutoriales y prácticamente, todo lo que emerge de tu fructífera imaginación y que con tanta habilidad, tu mente, es capaz de posar sobre un escrito.

    Este relato es muy bueno y aunque no me identifico con el protagonista, me divierte ver tu habilidad/facilidad, mediante esta metáfora, para retratar nuestros lados más oscuros e ironizar con ellos.

    Yo comprendí que la fotografía, había dejado de ser para mi una pasión y se había convertido en un vicio, cuando horrorizado descubrí, que ya no era capaz de disfrutar de la belleza, si no tenía la cámara y el objetivo adecuado en mis manos. De más joven, al ver una puesta de sol, me extasiaba contemplándola y en cambio ahora, tan solo me cabreo y me dedico a maldecir, si no dispongo del material oportuno y antes descrito, total “soy un adicto” y lo digo con pena y resignación, pero a la vez, con la aceptación de uno mismo, tal cual es, que siempre nos proponen, los Yoghis Hindúes, al final de sus sabias disertaciones.

    Felicidades!!!

    1. Bueno, a lo mejor no se trata de buscar siempre la perfección en la toma, el encuadre y contar con todos los parámetros justos para que las fotos sean perfectas desde el punto de vista morfológico y de la sintaxis de la imagen. A lo mejor basta con ser capaces (nada menos) de cliquear sobre aquello que hemos visto y que pensamos que el espectador será capaz de asombrarse o conmocionarse al verlo. Yo pienso que la fotografia es sobre todo un medio de transmisión de lo que siento o percibo.

  5. Hola Carlos, he buscado con gran ahínco, pero sin resultado, la sección de anuncios por palabras, disculpa que sitúe aquí mi publicidad, como comentario y si lo ves conveniente, como plenipotenciario “general manager” del blog, sitúalo en el lugar oportuno.

    – Sátiro hábil e irreductible, cambia clases de PS y LR, por clases, de como bajar tangas, por el sofisticado sistema, de “mordida y cuerpo tierra”, entre muchos otros… , teléfono de contacto 69696969.

  6. Genial …….comparto un mucho de esta vida y comportamientos que nos relatas , tan sutilmente camuflad@s en diferentres ventanas de PS , …….o quizás no tan sutil , …..bueno da igual , es muy brillante.

    Buenos dias .

  7. “…entonces, ella hizo la maleta y se fue a vivir a otro documento…” como el buen vino, absolutamente recomendable. Me recuerda a Matrix, B R I L L A N T E .

  8. No sé cómo te las arreglas para mejorar un texto que ya era inmejorable. ¡Buenísimo! xD

  9. Author

    Antonio: Muy amable como siempre, ya sabes que tienes pagado un vaso de agua cuando quieras xD Aunque tienes muchas más veteranía que yo, entiendo perfectamente lo que comentas… creo que hay un momento en que uno deja de “hacer fotos mientras mira/viaja/vive” para empezar a “mirar/viajar/vivir mientras hace fotos”, por así decirlo.

    Tomo nota del teléfono de ese interesante anuncio que sin duda seducirá a muchos de los que pasan por aquí!! Seguro que alguno hasta querría hacer un máster en tan compleja materia!! xD

    Agusti: Gracias por leer estos disparates y comentar, Agusti 🙂

    Ignacio: Tú también tienes pagado un vaso de agua, os invitaría a algo más abundante pero es que como artista soy algo pobre xD Pero en cuanto el mundo reconozca mis muchos talentos y los remunere adecuadamente, habrá mariscada para todos! Gracias por pasar.

    Sandra y Silvia, gracias porque aún conociendo ya los relatos, veo que aún os quedan fuerzas para re-comentarlos.

  10. Jajajaja que pasada!!!.. Un tipo enrollado que busca la manera de crar nuevas capas de ajuste en su vida dando brillo y color a lo que escribe y utilizando la herramienta texto para plasmar lo que piensa con un modo de fusión muy particular. Su documento ha quedado con los niveles de saturación un poco exagerados, pero para quien no le guste siempre existe la opción “Ctrl.Z” y dar un paso atrás.. (Yo opté por el “Ctrl Y” y seguí adelante). Te felicito por la resolución tan alta de este nuevo documento y espero que utilizando un filtro de enfoque puedas darle mejor calidad a todo lo que te rodea.. Yo de momento aún continuaré utilizando mi desenfoque gaussiano para olvidar ciertos contratiempos pasados, pero ni de coñ..(a) restaré los valores de ruido que tendré esta noche en la disco.. jajajaja un beso! (dianabarcelonaspain@m.facebook.com)

  11. Author

    Diana Barcelona: Vaya, más que un comentario esto es todo un nuevo documento y en 16 bits! Gracias por tus ocurrentes observaciones, que elevan (aún más) el nivel de esta página. Suerte en la discoteca pero cuidado, me han dicho que están llenas de desaprensivos que se te pegan como una máscara de recorte y que solo guardan en jpg, pues no piensan reeditar nada al día siguiente (bueno, el jpg es muy digno, lo malo es cuando se había prometido un psd o un tiff con todas sus capas).
    De nuevo gracias, abrazos!

  12. Carlos haztelo mirar, eso no es bueno, tampoco malo………… peor era cuando rebelábamos en cuarto oscuro, la de noches que habré pasado hasta que amanecía, y cuando me despertaba , retoque pintado con acuarela, etc etc. con razón se le llama, a la fotografia; la querida mas cara, y absorbente.
    bueno rectifico tampoco te lo mires mucho. te dejo que tengo un problemilla con el borrador de fondos jejeje.

  13. Author

    El juakki: Gracias por pasar, el juakki. Cuidado con el borrador de fondos, que lo carga el diablo! xD Un saludo 🙂

  14. Pingback: buenisimo

  15. A mi el estabilizador del PS CC, me hace perder el equilibrio.
    Buen relato Carlos. Me siento identificado en toda la selección.
    Un abrazo.

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